Transcripción Meditación Guiada La Bóveda Celeste
Llegado a la meditación, recuerdo que cuando era pequeño me imaginaba en esos antiguos observatorios de Mesopotamia, de Egipto, que no eran otra cosa que torreones aislados de cualquier luz, poca había en aquella época de noche, para observar las estrellas, pero no solo para observarlas, sino para dibujar en ellas nuestras propias historias.
Así nacieron los mitos. Proyecciones del ser humano en la bóveda celeste.
Estudiar los mitos no es solo estudiar historias o cuentos, sino es estudiar nuestra propia alma como sociedad.
Entender esos cuentos, leerlos, integrarlos, esos mitos, esos cuentos de sabiduría, es crecer como ser humano.
En la meditación de esta semana nos adentramos en el mundo de la bóveda celeste y de los mitos que se reflejan en ella.
Historias de las civilizaciones antiguas que dicen mucho de nosotros, mucho más que historias. Son metáforas de nuestros procesos interiores, de nuestra psicología, de nuestra mente, nuestro ego, nuestra personalidad.
Así que nos sumergimos en la meditación, en esta fantasía de cielo interior. En primer lugar, busca un sitio tranquilo. No te desesperes.
Si escuchas esta meditación y tienes prisa, pues es mejor que no la escuches, te lo recomiendo. Busca un momento tranquilo de pausa.
Después de encontrar el momento y el lugar, un momento en el que no te vayan a interrumpir durante unos minutos tan solo, vamos a adentrarnos en nosotros mismos con cierto orden recuerda que estás practicando una meditación
En la práctica, vamos a intentar cumplir con los procesos, vamos a llevar un orden para que luego en el día a día, cuando estés haciendo cualquier otra cosa, puedas entrar en los estados meditativos sin tanto orden, esfuerzo o práctica, sino simplemente por el mero hecho de tenerlos a mano.
Esa es la gran práctica. Esta práctica es menor comparada con la otra, pero necesaria.
Así que endereza tu espalda, relaja los hombros, recoge el mentón y mientras vas cerrando los ojos, inspiras profundamente por la nariz y exhalas por la boca sólo por tres veces.
Una exhalación profunda asegúrate de que sale todo el aire y de inhalas por la nariz ampliamente.
Después de estas tres respiraciones, la boca bien cerrada y respira lentamente por la nariz. Y con los ojos ya cerrados, te vas imaginando poco a poco en una noche fría y despejada, en un lugar natural amplio, sin muchos árboles.
Puedes sentir el aire frío de la madrugada en tu piel. A lo lejos, puedes observar un pequeño punto de luz.
Te desplazas y caminas hacia él.
Mientras caminas, no pierdas detalle de las estrellas, del increíble cielo nocturno que se ha presentado. También de la naturaleza que te rodea.
Y mientras te vas acercando, observas una pequeña hoguera.
Al lado de un torreón de piedras, que asciende unos metros hacia el cielo. Acércate a la hoguera. Hay varias persona esperándote.
Cuando te acercas a la hoguera, dos personas están calentándose las manos al fuego. Ambos hombres llevan dos túnicas oscuras. Diferentes colgantes con símbolos extraños están allí esperándote.
Dos magos o astrólogos de la más antigua Mesopotamia, están esperándote para subir al torreón de observación estelar. Te observan.
Están esperando tu señal de que estás preparado para subir al torreón. Así que cuando estés, adelante. Sube. Síguelos.
Una vez arriba, contempláis la bóveda celeste, el viaje de las estrellas en la noche, las galaxias, los planetas.
De la Vía Láctea que se ve claramente y ambos astrólogos te invitan a permanecer en el estado de observación, nada más.
Solo observar, aguardar el momento en el que lleguen las imágenes que se plasmen en las estrellas y que tienen que ver con tus historias y tu mitología personal, así que observa el cielo, contémplalo y permite que en él se impregne poco a poco tu mundo interior, los símbolos que se proyectan en el cielo son tuyos.
Lo que te digan esos símbolos, como los vivas, lo que observes en ese cielo, es tuyo, de nadie más.
Puedes volver aquí cuando lo desees. Los dos astrólogos y magos observan como tú el cielo y recogen sus historias.
Historias que luego tendrán su correspondiente sentido interior. Y eso es lo que tienes que hacer con todas tus historias.
Este cielo estrellado te da la oportunidad de reflexionar sobre ellas.
Esta calma es Observa el cielo y ten la sensación de que no hay mucho más que hacer. Mientras observas el cielo, ten la convicción de que no hay mucho más que hacer.
De que, mientras lo observas, encuentras tu posición exacta, en este punto del universo.
Y cuanto más observas, mejor te sitúas.
Descubres en esta observación que el secreto de ser. No es tener, no es hacer, es tomar consciencia de ese ser.
Mientras seas, todo lo que hagas en ese ser está bien Observas a tus acompañantes en el torreón de piedra.
Ellos se desplazan a un lugar concreto del torreón. Y observáis el horizonte a lo lejos. Se acaba la noche y empieza un fabuloso y magnífico amanecer.
Y con el amanecer se acaba la noche de observación. Bajas de la torre, te despides de tus compañeros en esta noche y vuelves hacia el lugar en el que apareciste.
Cuando cuente tres, regresarás al aquí y a la hora, a este momento. 3, 2, 1, regresa.
Tomas tu tiempo para integrar lo que has recogido de esta experiencia meditativa en el mundo de la observación más material en este plano.
Siempre va con un poquito de retraso lo que llega por aquí, así que tómate tu tiempo para integrar, para observar.
En los mundos energéticos y en los diferentes planos hasta llegar a la consciencia más pura, es normal que sucedan las cosas de una forma mucho más veloz a la velocidad a la que va la imaginación, lo que más rápido va de este universo, que no la luz.
Aquí, en el plano material, la luz marca el límite, más allá de ella hay un salto cuántico. Por lo tanto, tómate tu tiempo, no desesperes, recuerda siempre que estás aquí para ser, no para tener, no para conseguir, no para hacer, para ser.
Todo eso cambia la visión de uno. Sin duda, la bóveda celeste es uno de los instrumentos y símbolos más poderosos para recordarnos que somos, más allá de cualquier expectativa, objetivo o cosa a conseguir.
Cada día somos, cada presente somos y las estrellas son nuestros testigos.
Gracias por estar aquí y por ser
Un abrazo
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