E6/T3 Evita las discusiones. La verdad no necesita ser demostrada
En este episodio exploramos el poder del silencio y la verdad frente al ruido del ego. A través de una reflexión poderosa, las frases de personas de todos los tiempos que se atrevieron a pensar sobre esta cuestión, un cuento muy revelador sobre una tostada, y una meditación guiada que te confrontará con lugares de ti muy profundos, descubrirás cómo la verdad más profunda no necesita ser defendida, tan solo vivida.Emprende con este episodio un viaje hacia la serenidad interior y la libertad de no reaccionar.
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SECCIONES DEL PROGRAMA NÚMERO 6/T3
00:00 Introducción
03:26 Frases de gigantes
12:24 Reflexión maestra
16:40 Cuentos de sabiduría
24:10 Escuela de meditación EspacioMindfulness.es
42:23 Meditación guiada
59:05 Cierre
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Evita las discusiones. La verdad no necesita ser demostrada.
Los sabios siempre han dicho que hablar poco es fundamental para avanzar en el camino. Aristóteles ya dijo que cada uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras, y no andaba mal encaminado al avisarnos de que hablar demasiado tiene consecuencias. La razón por la que tenemos dos orejas y una sola boca, dijo también el filósofo Zenón de Citio, es porque tenemos que escuchar más y hablar menos.
Para dejar de hablar (añadiré algo con el permiso de estos grandes pensadores) es fundamental reconocer el silencio. Y esto no se consigue tan sólo manteniendo la boca cerrada. Una mente que no sabe detenerse puede ser lo más escandaloso que te acompañe en tu vida si no pones remedio.
Recuerdo que, hace unos años, un alumno me confesó que no podía parar de pensar en su negocio, era autónomo, por supuesto. Hasta durmiendo su mente se ponía a hacer las cosas de la oficina, a dar órdenes a sus empleados, a realizar tareas que dependían de él… Acudió a mí porque la situación se agravó tanto que cosas que pensaba que había hecho, las llegó a confundir con lo que realmente hacía. Había perdido por completo la gestión de su mente y no podía parar de trabajar o de pensar en trabajar.
Hasta que consiguió reconducir su mente vivió un infierno, no sabía lo que era el silencio, ya no recordaba lo que era vivir en calma, por lo que tuvo que recordar que significa todo esto. Finalmente, la reconoció en su interior por primera vez en mucho tiempo. La primera vez que entró a ese espacio de paz se asustó, pensó que se había muerto y más tarde se puso a llorar de alegría… Había conseguido unos minutos de auténtico silencio, por fin, después de tanto tiempo y sufrimiento. Este tipo de ruido mental no es otra cosa que discusiones con nosotros mismos, al igual que las discusiones con los demás, que no son otra cosa que discusiones con nosotros mismos también.
Cuando consigues el verdadero silencio ya no hay discusiones, ni contigo ni con los demás. Y no es que las evites, es que nadie puede proyectarse en ti para discutir. ¿Entonces, cada uno discute con uno mismo? Sí, constantemente estamos enfrentándonos a nosotros mismos a través del espejo del mundo. Seguro que has visto a alguna persona discutir sola por la calle, hablándole a la nada. Tú, que observas desde fuera, ves a un loco y nada más, pero esa persona está tan absorbida por su mente como tú cuando discutes a través de un teléfono.
Recuerdo un cuento de sabiduría en el que una persona iba discutiendo por la calle cada día con su jefe de forma imaginaria porque consideraba que en su trabajo no estaba bien retribuido. Un día, cuando llegó a la oficina, su jefe, el de verdad, se acercó a su escritorio para comunicarle que su esfuerzo después de tanto tiempo había sido recompensando con una subida de sueldo y un ascenso, a lo que el trabajador contesto. —¡Con que esas tenemos, eh, eres un cretino, te vas a enterar!