Transcripción “Meditación Guiada La Soledad Sanadora”
Para realizar esta meditación en la soledad te recomiendo que estés solo.
Parece redundante, pero en ocasiones vivimos demasiado deprisa y me permitirás recordártelo.
Por favor, si es posible, escucha este fragmento, esta meditación en soledad.
Busca un lugar tranquilo en el que no tengas que ser interrumpido en los próximos diez minutos. Hazlo por ti. Venga, busca ese sitio.
Voy a considerar que ya has encontrado ese lugar. Ahora busca un lugar en el que sentarte, a ser posible con la espalda recta. Relaja los hombros y recoge tu mentón.
Que tu boca esté bien cerrada y vamos a usar para respirar solo la nariz. Inspira profundamente, toma aire y exhala lentamente. Que tu exhalación sea más larga que la inhalación.
¿Cómo abordar en una meditación la soledad?, sobre todo en una meditación guiada no contemplativa. Muy bien. Pues vamos a hacerlo de esta forma.
Voy a guiarte en primera persona, es decir, voy a hablarme a mí mismo. Pero esa primera persona serás tú. De esta forma sentirás que estás solo. De esta forma siento que estoy solo.
Y así empiezo esta meditación. Empiezo visualizando mi campo de presencia. Mis pensamientos, mis emociones.
Las imágenes que pasan por mi mente. Las personas que vienen y van en mi recuerdo.
Y desde mi cuerpo, un aura expansiva empieza a crecer. Que sea ahora Se lleva esos pensamientos, los aparta.
Igual que las personas que vienen a mi mente, personas de mi alrededor, se alejan, se van.
Y en mi mente, poderosa aparece mi presencia, mi figura. Allí, a solas. Si mi mente se desvía y aparece un pensamiento, permito que pase y se vaya.
Y vuelvo a fijarme en mí, en mi ser, en mi propia presencia, lo único que existe ahora.
Yo. Y en esta soledad atenta, me observo.
No tengo que hacer nada más. Solo observarme. Limpio de pensamientos y emociones.
Mi energía centrada.
Yo soy. Aquí estoy.
Y presento va penetrando en la soledad.
Y la soledad se va llenando de esa presencia, de esa atención, que también soy yo.
Mi percepción se desvía en momentos. Quizá uno o dos segundos. Y está bien. Me trato con condescendencia. Me trato con compasión.
Y sigo penetrando aquí y ahora en esta presencia.
Sigo descubriendo mi soledad. Y al mismo tiempo observo que mi soledad. Soy yo. Que mi soledad es pura presencia. Es este momento que no se extiende más allá en mi mente.
No hay un pasado de soledad no existe un futuro en solitario. La soledad es pura presencia aquí, ahora, y así lo vivo. Ahora me permito que la palabra soy. La palabra soledad y la palabra presencia resuenen en todo mi ser. No solo en mi cuerpo físico. En todas partes, en todo mi ser.
Y eso es todo el universo.
Presencia, ser y soledad.
Presencia, ser y soledad.
Presencia, ser y soledad. Y cuando cuente tres, regresarás de ese espacio.
Uno, dos y tres. Regresa. Regresa de la meditación. Y asientate poco a poco en esta calma. Una calma ya compartida con todos los oyentes, con todas las personas que estáis escuchando este espacio, conmigo.
Algo que te agradezco, por cierto, porque compartir estos espacios no es fácil, no es muy sencillo y que me permitas entrar contigo a ellos, para mí es un honor.
Ya lo sabes, lo repito de vez en cuando, así que hoy también te lo digo.
Es un honor que me permitas acompañarte a estos espacios tan profundos.
La verdad es que la soledad en sí misma me ha enseñado tantas cosas que sería muy complicado comentarlas.
Necesitaría algunos episodios de espacio mindfulness o algunas temporadas, pero tengo que reflexionar y tengo que ser sincero. No fue fácil.
Transitar algunos espacios de soledad es terriblemente doloroso, pero no por los espacios de soledad en sí mismos, sino por los aprendizajes que conllevaba recorrer esos espacios de soledad.
Creía que estaba solo, pero me acompañaban esos aprendizajes terribles, duros, como a ti, en este momento quizás.
Pero esos aprendizajes necesitan ser transitados. En esa soledad sanadora realmente. Una soledad que no te está hiriendo, que en realidad te está acompañando, te está sanando.
Es el vehículo por el que puedes crecer. Es el vehículo en el que te puedes expandir.
El tránsito, el dolor, el sufrimiento. Es simple adaptación, es comprensión, es expansión.
Espero que estas breves pinceladas sobre la soledad te acompañen en el camino, porque todos estamos solos y, al mismo tiempo, todos estamos acompañados. Seguro que lo sientes.
Gracias. Nos escuchamos dentro de un par de semanas. Hasta entonces, ya sabes, estamos en la escuela de meditación.
Un abrazo.
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