Transcripción “Meditación Guiada Liberarse del Estado Life Victim”
En la meditación de esta semana vamos a trabajar el proceso de responsabilidad. Busca un lugar tranquilo. Un espacio donde puedas meditar con calma.
Donde tengas 10 minutos. Si no es posible, pausa un momento el audio si es necesario y después nos ponemos a la meditación.
Endereza tu columna allí donde estés, recuerda que puedes estar sentado o tumbado. Sentado en el suelo co las piernas cruzadas o en una silla. Lo importante es que tu espalda esté erguida, tus hombros relajados, tu mentón recogido.
Respira profundamente por la nariz exhalando por la boca lo más largo que puedas. Realiza esta respiración tres veces.
Después de esta respiración, cierra la boca y tan solo respira profundamente por la nariz. Nada más.
Cierras los ojos si todavía no lo habías hecho. Y te sumerges en esa oscuridad interior, en silencio.
Obsérvate, tan solo eso. Imagina que te levantas de la meditación allí donde estés. Y sales a la calle a pasear. Imagina cómo sales y te pones a pasear por cualquier calle, la primera que te venga a la memoria.
En esa calle observas pues las tiendas habituales, todo lo que suele haber en esa calle.
La gente pasea. Ninguno presta más atención a nadie. Y tú observas una tienda que antes no estaba allí.
Cuando te acercas, te das cuenta de que es una vieja sastrería. Desde fuera se pueden ver todos los retales y maniquíes.
Hay alguien dentro. Pasa y observa cómo trabaja ¿Cómo cose? ¿Cómo está haciendo algo con un maniquí y un vestido?
Cuando entras encuentras a un viejo sastre trabajando.
El sastre te observa pero sigue en su labor. Y señala una habitación interior.
Tú te diriges hacia ella y dejas al sastre trabajando, cuando entras a la habitación, observas que no hay nada más que un simple y viejo espejo de cuerpo completo enfrente de ti. Un viejo suelo de madera.
Te acompaña cuando caminas en esa habitación hasta el espejo.
El rechinar del suelo te acompaña hasta que justo te pones enfrente de él, de ese viejo y gran espejo.
Cuando llegas a ese espejo, ocurre algo que en cierta medida te impacta. En el espejo te ves completamente desnudo, sin ropa. Solo tú, y nada más.
Enfrente de ese espejo, abres los brazos en cruz y aceptas lo que te ha traído hasta aquí.
Le pides al espejo que muestre todas tus heridas, todas tus emociones no sonadas, tus pensamientos.
Eso sí, le pides que te los muestre en forma de traje. Así que cuando cuente tres, observarás cómo se empieza a materializar un traje concreto en tu cuerpo.
El traje que representa tu rol de víctima, tus emociones sin sanar, tus pensamiento sin sanar. Atención 1, 2 y 3. Observa cómo empieza a aparecer ese traje.
¿Qué observas en ese traje? ¿De qué retales está hecho, dónde tiene rasguños o agujeros? Observa todas las hendiduras, todos los retales, cada uno representa una herida.
Todas ellas se ven en el espejo reflejadas en un traje. Un traje que ves tú y que ven los demás.
Y en esa observación se crea la víctima, el quiénes somos, desde el punto de vista de nuestras propias heridas.
Es natural que surja el dolor, las dudas, resignación, incluso la ira al observarte.
Y en medio de esta observación, un destello de luz aparece por un lado. Cuando te giras, allí está el sastre, con un maniquí que lleva un traje de luz confeccionado exclusivamente para ti.
En este momento tienes que tomar una decisión quitarte ese viejo traje y ponerte el nuevo traje de luz o no hacerlo.
Cuando cuente tres, toma tu decisión y actúa 1, 2 y 3.
Si no te has ido de la tienda, observa en el espejo cómo te desprendes del viejo traje. Un traje pesado con el que cargas.
Y has cargado durante mucho tiempo retales, roídos, roturas sin solución, te desprendes de todas ellas y te quedas sin nada, desnudo ante el mundo, preparado para recibir el traje de luz.
Abre tus brazos como si fueras a abrazar ese traje, pura luz, y observa cómo cada prenda de ese traje se acerca a ti, cae sobre ti, como una ducha de agua dorada, de agua de estrellas y se pega a tu piel.
Observa ahora el espejo. Mantén esta visión de luz. Mantenla y quédatela para ti.
Cuando cuente tres, volverás a este momento con ese traje de luz. Agradece antes de irte al sastre, que te lo ha confeccionado. Uno, dos y tres.
Regresa. Unos segundos después de esta meditación, mientras recuperas el pulso del presente y regresas con esta transformación, permítete unos segundos de autoindagación, de autoobservación.
¿Cómo te sientes? ¿Cómo te sienta el nuevo traje de luz? ¿En qué contexto te lo has puesto? ¿Qué es lo que has desechado del viejo traje? ¿De qué te has desprendido metafóricamente?
Fija bien todos estos conceptos porque, a través de esta meditación, también puedes recontextualizar tu vida.
Recuerda que no somos esos hechos, sino cómo nos los contamos a nosotros. Así que en ese contexto es cómo y desde dónde empieza las verdaderas transformaciones.
Cuando aprendemos a recontextualizar lo hechos, cuando aprendemos y entendemos que tenemos la posibilidad de transformar nuestro presente, entonces empezamos a ser un poquito más nosotros mismos y cuando empezamos a ser más nosotros mismos ya nadie puede criticarnos, juzgarnos o insultarnos.
Nadie puede decir quiénes somos porque somos nosotros mismos quien lo marcamos y porque sabemos con toda seguridad lo que somos.
Nos esperamos y nos vemos en la presencia de la semana que viene.
Muchas gracias por todo.
Un abrazo muy grande.
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