Transcripción de la “Meditación Guiada La Habitación Interior”
En esta meditación, en la meditación guiada de la habitación interior, lo primero que tenemos que hacer es buscar un lugar tranquilo, un espacio en el que estar, en el que sentirnos seguros.
Una vez hemos encontrado este espacio, acomódate preferiblemente sentada, sentado en un cojín, en una silla, con la espalda erguida, los hombros relajados y el mentón ligeramente recogido.
La boca bien cerrada. Respiramos solo por la nariz y empiezas a inspirar, a tomar aire, con profundidad y a soltarlo por la nariz, asegúrate que este aire que sueltas sea dos o tres veces más prolongado en el tiempo que la inspiración.
– Vamos cerrando los ojos y vamos sintiendo esa oscuridad como algo familiar.
– Esa oscuridad con los ojos cerrado representa nuestra interioridad. A nivel visual, estamos dentro.
Y en calma te vas habituando a esa oscuridad. Y reposas en ella. En paz, centrados.
Empiezas a observar, a apreciar que en la oscuridad aparecen ciertos destellos de luz. De todos los colores.
Y en esa oscuridad se asoman las formas. Las formas de una habitación, pero no una habitación cualquiera. Tu habitación interior.
¿Qué puede tener esa habitación tan especial? Eso solo lo sabes tú. Así que a través de tu imaginación, empieza a observar cómo toma forma, cómo van apareciendo detalles, elementos, objetos, muebles, que sin duda alguna no pueden estar en otro lugar que en esa habitación tan especial.
Tu lugar. Tu espacio. Habrá objetos, habrá muebles. Que tengas muy claro qué están haciendo allí. Y habrá otros detalles que incluso a ti te extrañará que estén.
Acéptalo todo. Acepta que esa habitación está ahí, en tu interior, para algo, para aportarte cierta calma, cierto centramiento. Quizá algo llame tu atención en esa habitación.
¿Qué es? ¿Para qué es? ¿Por qué está ahí? Esas son las preguntas que tienes que hacerte.
No dediques mucho tiempo a las deducciones de por qué los elementos que aparecen en tu habitación interior están ahí. Te invito a que los observes con tu intuición.
Tan solo con mirarlos ya entiendes, ya sabes. Esa primera intuición es lo válido.
También puedes observar cómo tu habitación interior va mutando, va transformándose y tú permites que así sea. Sin límite.
Observa, pide a tu interior que te muestre aquellas cosas que necesitas ver en tu habitación o trabajar o observar.
Por Último, toma consciencia de que este lugar, esta habitación imaginal, está siempre a tu disposición para cualquier momento.
En momentos en los que necesites paz. Un lugar tranquilo en el que estar, en el que bucear en tus ideas, un lugar en calma.
Esta habitación estará siempre para ti. Disponible. Incorruptible. Nadie, solo tú, tiene la llave. Solo tú.
Ahora que has fijado esta habitación interior, será más fácil acceder a ella. Echa un último vistazo. Obsérvala. Siéntete en un lugar familiar, seguro.
Eso es tu habitación interior. Eso es este espacio mental que has creado con tu imaginación.
Podrás volver en otra ocasión. Ahora, cuando cuente tres, regresarás a este momento. Uno, dos y tres.
– Regresa.
– Percibe tu cuerpo con más fuerza. Poco a poco, mientras escuchas esta voz, vas volviendo.
Vuelve tu percepción habitual del mundo te queda el recuerdo de esa habitación interior.
Una herramienta muy poderosa, por cierto, sobre todo si ya tienes algo de práctica a la hora de meditar. En este caso, la habitación interior siempre va estar contigo.
Es un lugar en tu interior, realizado con pura imaginación de acceso inmediato, que siempre estará a tu disposición.
No subestimes a esa habitación interior, en muchos momentos te va a ser de gran ayuda.
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